El día que decidí irme…

El día que decidí irme, fue para no volver a mirar atrás, para dejar allí todo lo que mi vida no necesitaba.

Quería paz, tranquilidad, sosiego. Estaba viviendo un desenfreno de emociones que no me estaba trayendo buenas sensaciones. Siempre estaba rodeada de gente, pero me sentía vacía. Comía sin hambre, hablaba sin saber qué decir y vomitando lo primero que se me venía a la mente, mantenía relaciones sin sentir nada. Vacía. Tenía una felicidad fantasma, me callaba por educación, y sonreía forzada.

El día que decidí irme, estallé. Estallé contra todos y sobretodo con él. Porque no sentía nada, ni lo más mínimo, ni si quiera cuando me fui sentí pena por él, no se me removió nada por dentro al ver que le quedaba destrozado. Acabé con todo. Con las situaciones que no me hacían feliz, no quise complacer a nadie más, no callarme lo que pensaba, mi zona de confort no me daba felicidad ninguna, no era dichosa y me sentía bastante desgraciada. No toleré más que me trataran como como una colilla a la que pisas porque no te importa lo que pase con ella.
El día en que decidí irme, me quise ir de este mundo porque estaba completamente saturada. No veía salidas ni alternativas para emprender un camino con destino al éxito y a la felicidad, no tenía sentido mi vida. Ese día fue mi punto de inflexión, ese día quise quitarme lo que mi Santa Madre me dio: la vida. Opte por la vía fácil, porque cuando estás hundido en lo más hondo del agujero, no ves luz ninguna. Y sucumbí.  Pero como veis, no lo conseguí.
Alguien quiso que siguiera adelante, que tenía más objetivos que cumplir, quiso que me diera cuenta que no era mi camino y que tenía que hacer un gran cambio. Alguien quiso que siguiera mi vida porque tenía un propósito y la única manera de comprobarlo es seguir viviendo. Antes de tomar esa decisión yo ya estaba muerta con mi vida, no tenia estímulos ni ilusiones, no veía nada que me atara aquí como para seguir. Yo no decidí quedarme, alguien decidió por mí.
Y resurgí. Resurgí de mis cenizas como el mítico Ave Fénix, me desvié completamente del camino, adopté una postura completamente distinta a la que tenía. Empecé a valorarme y me di cuenta que, no solo me tenía a mí misma, sino que encontré un gran apoyo a mi alrededor porque nadie veía lo que me pasaba, nadie lo sabía porque no opté por abrirme a expresar mis preocupaciones y agobios. Entendí que aquel camino no era el indicado porque me estaba saturando, me estaba amargando.  Ahora tengo opinión y muchas cosas que decir, tengo objetivos, tengo ilusiones y solo me rodeo que aquello que más sanamente me aporta, evito cualquier conflicto hasta cierto punto porque no soportaba ni soporto el hecho de que me pisoteen.
El día después que decidí irme, me convencí de que nada estaba perdido, que podía vivir siguiendo mis directrices completamente independiente, que mi opinión cuenta aunque la gente finja que no le importa, decidí dejar de ser seguidora y convertirme en líder, líder de mi propia vida.
El día después en que decidí irme, empece a vivir, pero a vivir de verdad.

Srta Maravilla

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Srta Maravilla
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