Locas y unidas, jamás serán vencidas

Vivan las quedadas con mis amigas, programadas con antelación o de improvisto.

Cualquier plan es bueno si es con ellas. Me encantan mis amigas porque tienen el mismo retraso mental que yo, estamos igual de locas y nos complementamos a la perfección, si no, no serían mis amigas, claro.

Quemamos el grupo de Whatsapp con las últimas novedades de lo que sea, con capturas de pantalla y testimonios de testigos. Es un auténtico grupo de marujas chinchorreras, de hecho, si estuviéramos en una película, nos imagino cacareando con la cabeza llena de rulos, pintándonos las uñas con una mascarilla en la cara y millones de cotilleos que contar.

Los días de diario son duros y largos con el trabajo, aunque siempre hay hueco para hablar en nuestro chat y confeccionarle los trajes a la gente, vamos, que hablamos de ellas. Llega el fin de semana y es nuestro gran momento.

Da igual cual sea el plan porque será perfecto, pero este fin de semana ha tocado salir. Da lo mismo que me arregle en mi casa, pero prefiero que sea en la casa de esa amiga con el armario más lleno de ropa con los últimos modelitos, ella siempre estará igual de ilusionada que yo porque siempre soy su muñequita a la que viste los sábados y para mí ella es la mía porque la maquillo y la peino como mejor puedo. Cenamos, comenzamos con unos chupitos en casa, y llega nuestro momento.

Pisas la calle quemando tacón, rompiendo los adoquines del suelo mientras que en tu cabeza suena una canción de Destiny´s Child. Y así vamos, mis amigas y yo. Yo y mis amigas. Totalmente emperifolladas después de pasar por chapa y pintura deseando arrasar allá donde vayamos.

Solemos frecuentar el mismo garito, pero siempre hacemos la putivuelta para ver qué se cuece por ahí y a quien vemos. Pero sobretodo bailamos.

Suena “Mala mujer” y nos miramos mutuamente porque sabemos lo perra que es mi amiga en algunas ocasiones y nos la dedicamos mutuamente. No paramos de bailar, cualquier canción que pongan es buena para mover el culo haciendo un intento de twerking, movemos las caderas y el pecho al son de la música, y levantando las manos cuando el deejay de la canción pregunta “¿dónde están las mujeres solteras?”, y nos descojonamos porque tenemos comprobadísimo que es el momento clave en el que los tíos echan un vistazo rápido a su alrededor para ver cuál es su próxima reina de esa noche.

Una copa, otra, chupito de por medio. Una de mis amigas empieza a perder el equilibrio por culpa, según ella, de los taconazos que está calzando. Le quitamos la copa de la mano y le obligamos a bailar todo lo que pueda y más para sudar el alcohol. Ya tenemos muchas noches a las espaldas para controlar estas situaciones.

Qué os podría contar, porque cada noche con mis amigas es una historia diferente. A veces las miro y me pregunto qué haría yo sin esas locas, porque, locas y unidas, jamás serán vencidas.

Y nos vamos a casa con las tareas hechas: sudando de todo lo que hemos bailado, haber cerrado el bar, haber flirteado y desayunado.

 

Domingo. Resaca. Pero no es excusa para no hablar por el grupo de Whatsapp y rememorar la noche. Reírnos, avergonzarnos de ciertas fotos y recordar lo que algunas ya han olvidado o desearían olvidar.

Sabemos hacer planes tranquilos, y de hecho los hacemos, pero son esas noches las que nos dan la vida y nos dejan grandes recuerdos.

No sé qué haría sin ellas y qué afortunada soy de tenerlas a mi lado en cada batalla.

 

Srta Maravilla

Srta Maravilla
Srta Maravilla
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