Mío, tuyo, suyo

Vivimos en una generación en la que, por suerte, los “posesivos retrógrados” relacionados con nuestras parejas están desapareciendo, pero aún no están extinguidos.

Solemos referirnos a la otra persona como un objeto, detonando posesión, superioridad, y sí, valor también, pero como una cosa que carece de ese valor si no está (sentimentalmente hablando), con nosotros. “Es mío/a”, “me pertenece”, “solo es para mí” y un sinfín de frases que utilizamos erróneamente atribuyéndolo para marcar territorio con nuestra pareja.

Estos “posesivos retrógrados”, como yo los llamo, deberían desaparecer. Las personas no somos objetos con dueños, no somos un anillo (por ejemplo), que pertenecemos a alguien; no nacemos para ser algo de alguien con la que nos une una cadena o un hilo rojo imaginario. Todo esto hablo refiriéndome a las relaciones de pareja.

Las personas somos seres que podemos vivir perfectamente solos sin la necesidad de sentirnos valorizados por un grupo o por algunas personas en particular. Es la sociedad la que nos ha hecho dependientes de esos grupos a los que nos gustaría pertenecer, y la que nos ha creado la idea de posesión como dominio.

Naces único, distinto a los millones de personas que hay en el resto del mundo, con valores y aptitudes que irás desarrollando, pero no eres menos sin alguien.

No soporto las frases típicas de “sin él/ella no soy nada”, “no puedo vivir sin él/ella”… Somos el 100% como individuo, y no el 50% que se tiene que complementar con otro 50% para alcanzar el 100% como persona; somos una fruta entera y no media naranja buscando a su otra mitad. Somos personas capacitadas para vivir en solitario sin la necesidad de verse más lleno/a con otra persona. No somos un objeto que adquiere valor cuando alguien nos lo da.

Tú, en toda tu plenitud y totalidad, eres un tesoro, pero no de nadie, sino para ti mismo. Eres lo que tú quieras que seas y no lo que los demás te adjudiquen.

Rompe esas cadenas imaginarias y vuela. Nadie es de nadie, y todos somos libres de estar con quien queramos y hacer lo que nos apetezca.

No prohíbas, no cohíbas, no exijas, porque la otra persona, al igual que tú, tiene la libertad de estar solo, contigo o con otra persona, y ha decidido estar contigo al igual que tú.

Quiere, quiere mucho, pero quiere bien, y, sobre todo, quiérete.

Valórate y no esperes que lo hagan por ti, porque si es así, jamás te darán el valor que realmente tienes.

Y aunque las grandes historias de amor hayan terminado en tragedia, sí se puede vivir sin esa persona, pero para ello tienes que luchar y tener paciencia contigo mismo.

Me río yo de todas aquellas personas que tuve que dejar ir, por las que lloré y pensé que jamás lo superaría, y que a día de hoy no significan nada para mí.

Todo es cuestión de superarte y valorarte.

 

Srta Maravilla

Srta Maravilla
Srta Maravilla
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