Pasan las horas

Y entonces te das cuenta que finalmente todo ha acabado.

Que tras ese enorme texto de Whatsapp se escondía todo lo que nunca has querido darte cuenta que pasaba. Ni siquiera has sido capaz de decírselo frente a frente porque sabías que no podrías ser tan fría, que te morirías de ganas de creerle de nuevo. Le das a enviar intentando pensar que correrá a llamar a tu puerta tras leerlo, abrirás y te comerá a besos, mientras te pide perdón por no haberse dado cuenta antes que te estaba haciendo daño. Pero pasan las horas y nada.  Empiezas a pensar que quizás hubiera sido mejor no darle al botón de enviar, que quizás no estabais tan mal. Entonces te das cuenta que, tras días enteros intentando escribir todo lo que sentías, ni siquiera ha sido capaz de saltarse esa estúpida frase que ponía “no me respondas”, y tu muriéndote de ganas de recibir una contestación, aunque fuese un triste “vale, lo siento”. Te encuentras sin parar de mirar el móvil cada cinco segundos, leyendo una y otra vez el estúpido texto en el que por fin has sido capaz de pedirle que se aleje de ti, que ya no puedes más y que lo malo pesa mucho más que lo bueno.

Vuelves a mirar el móvil una vez más y por fin tu cabeza empieza a reaccionar, <>, pienso.   Quizás es lo mejor que os ha podido pasar, que uno de los dos por fin haya dado el paso de poner punto a final a una relación de monotonía egoísmo y angustia, aunque para él todo estuviese bien, normal, tan conformista como siempre.

Cuesta tanto decir adiós sin querer decirlo, cuando piensas que jamás podrás querer a alguien como lo quieres o has querido a él.

Quizás él no te quería tanto como acostumbraba a decir, no a demostrar. Quizás él también necesite alejarse, volver a enamorarse y querer sin límites como un día lo hizo contigo. No podemos ser igual de egoísta que ellos. Quizás las mujeres por naturaleza queramos más que los hombres o queremos de manera diferente. Quizás simplemente sin darse cuenta te está brindando la oportunidad de volver a enamorarte locamente de alguien, alguien que sí corra a tu puerta cuando tienes la mínima duda, alguien que se muera de ganas de quitarte la ropa cada segundo y que no deja que te la vuelvas a poner, que te pida cada noche pasar el resto de su vida contigo, alguien que no te haga escribir textos una y otra vez intentando acabar con todo pero que siempre acabas eliminando sin enviar, alguien que te devuelva ese pensamiento cada mañana de que eres la persona más feliz y más afortunada del mundo, alguien que sonría cada vez que imagine el resto de su vida contigo,  alguien que su única preocupación sea perderte e imaginar que nunca encontrará alguien como tú, alguien que no se imagine la felicidad sin ti de la mano, porque querer es necesitar, necesitar tener a la otra persona cerca para poder sonreír y ser feliz.

A veces tenemos la solución tan tan cerca, que nos empeñamos en no verla solo por miedo al tiempo que tardemos en curar la herida, cuando realmente a veces ya ni siquiera hay herida sino alivio.

Texto enviado por una seguidora anónima

Srta Maravilla
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