Querido diario

Querido diario:

Hoy me siento confusa.

Ya han pasado cuatro años tras nuestra ruptura. Cuatro años en los que tras superar innumerables obstáculos, mis heridas cicatrizaron y ahora soy una versión mejorada de mi misma. Me he convertido en un iceberg, en un macizo refugio nuclear… Inquebrantable. Irrompible. Invencible. Y así ha sido desde que rompimos. Me negué a saber absolutamente nada de él. Rompí sus fotos, y tiré sus regalos. Sólo me enteré de oídas que se marchó a Alemania, como casi toda su generación, a buscar fortuna. Y yo, viviendo en mi burbuja de perfecta irrealidad sentimental, hasta ayer…

Como otro sábado más, las chicas y yo quedamos para salir. Cenamos en el japonés y fuimos a tomar la primera a ATIKO, una terraza del edificio más alto de la ciudad, dónde estuvimos conversando y riendo. Las risas nos llevaron a DUOM, una antigua fábrica metalúrgica que ahora se ha convertido en una discoteca llena de gente de lo más variopinta. Todo iba genial,las chicas y yo posicionadas en el centro de la pista, las copas corrían a cargo de los galanes de turno que intentaban conquistarnos, la música era la más acertada para cerrar los ojos y dejarse llevar… Hasta que apareció él. Estaba lejos, justo entrando por la puerta, fue como si algo dentro de mí me hubiera obligado a mirar justamente cuando él estaba entrando… estaba diferente, hasta podría decir que no era la misma persona… Pero a mi ya me había dado un vuelco el corazón…

Intenté serenarme, y tras unos instantes de shock, seguí actuando como si nada… aunque mi interior era un completo manojo de nervios. “Céntrate, céntrate” “ya lo has olvidado, ¿recuerdas?” “Él ya no es nada para ti” “fue un cabrón y lo odias” “no quieres saber nada de él” y otras tantas frases estúpidas pasaban por mi cabeza una tras otra, mi mecanismo de defensa estaba funcionando a toda máquina… pero no podía evitar buscarlo con la mirada. Y entre la muchedumbre, a escasos metros de mí, me crucé con su mirada. Sus ojos clavados en los míos, una mirada inconfundible, la misma mirada que me dedicaba justo antes de abalanzarse sobre mí y llenar mi cuerpo de pasión. La misma mirada felina. Y sin apartar la vista comenzó a andar hacia mi. Y a cada paso que daba, más se desmoronaba mi fortaleza, más me temblaban las piernas y más me ardía el corazón. A escasos centímetros de él… y continuaba avanzando hacia mi. Era tal la presión a la que estaba sometido mi cuerpo que tuve que agachar la mirada. Y ahí me quedé. Inmóvil. Mirando hacia el suelo como una tonta. Esperando que pasara lo que tuviera que pasar. La mente completamente blanco, la música no sonaba, el mundo se había parado en seco y sólo estábamos el, y yo. Pasó por mi lado, acarició mi mano con sus dedos, y pude escuchar como inspiraba fuertemente el olor de mi perfume…

No lo volví a ver más en toda la noche. Y ahora estoy aquí, cual chiquilla, escribiendo este relato con la mano derecha y con la mano izquierda sujetando el móvil, con su número de teléfono marcado, listo para darle a la tecla de llamada y confesarle que aunque pasen los años, seguiré siendo suya.

 Cuatro de agosto de 2014

Srta Maravilla

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